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12. junio 2026

Los niños que se aburren hoy, dominarán el mundo mañana

La habilidad más valiosa del siglo XXI

La neurociencia sugiere que entretener constantemente a nuestros hijos podría estar perjudicando una de las habilidades más importantes para su futuro: la creatividad.

Y en un mundo donde la Inteligencia Artificial hará cada vez más tareas por nosotros, esa capacidad será más valiosa que nunca.

Así que, si te preocupa que tu hijo esté preparado para el mundo que le espera, quédate. Porque en este post vas a descubrir el "laboratorio secreto" en el que nacen algunas de nuestras mejores ideas. Y cuando entiendas cómo funciona, dejarás de ver el aburrimiento como un enemigo y empezarás a reconocerlo como lo que realmente es: una de las mejores inversiones que puedes hacer en su desarrollo y en su futuro.

Me aburro

Recuerdo que cuando era pequeña, si le decía a mi madre: "Mamá, me aburro", ella solía contestarme: "Pues cómprate un burro".

Si a ti también te criaron con este mantra, por favor, manifiéstate en comentarios para que montemos un grupo de apoyo, pero me temo que traigo malas noticias...

Y es que, si ya de por sí aquella respuesta nos parecía el colmo de la injusticia, resulta que la neurociencia ha terminado dándole la razón a nuestras madres. ¿Cómo te quedas?

Obviamente, mi madre no pretendía que metiera un asno en el salón. ¡Si ni me dejaba tener perro! Simplemente era su forma de decirme: "Apáñatelas tú solita"..

Y eso era exactamente lo que yo hacía.

Me sentaba enfurruñada a mirar la pared hasta que, poco a poco, empezaba a leer historias en las texturas del gotelé. De repente, entre los relieves de la pintura, aparecían dragones, castillos y princesas Una simple tabique se convertía en un universo entero.

Los niños del siglo XXI ya no tienen gotelé.  Tienen tablets, extraescolares y menos oportunidades para aburrirse.

Y es que hemos caído en la trampa de que, para ser buenos padres, tenemos que mantener a nuestros hijos constantemente ocupados.

Nos incomoda verlos tumbados en el sofá, mirando al techo, porque parece que cada minuto sin estimularlos es una oportunidad de aprendizaje perdida.

Nos desesperamos cuando los escuchamos decir "mamá, me aburro", porque interpretamos ese aburrimiento como un problema que debemos solucionar.

Pero es que además, sostener ese aburrimiento requiere una energía que, después de un día largo, a veces no tenemos. Ofrecerles un juego o un vídeo en ese momento es, muchas veces, la única forma que encontramos de frenar el ritmo y llegar vivas al final del día.

Tranquila, nos pasa a todas.

De hecho, estoy segura de que mi madre no me mandaba a comprar un burro por sus beneficios cognitivos... Probablemente solo quería terminar de fregar los platos en paz.

Qué es el aburrimiento

Fuera por lo que fuera, lo curioso es que hoy la neurociencia le da la razón: hay que aburrirse.

Porque el aburrimiento no es un fallo del cerebro. Todo lo contrario: es una de sus alarmas más valiosas.

Y es que igual que el hambre nos empuja a buscar comida o la sed a buscar agua, el aburrimiento genera una insatisfacción incómoda que nos impulsa a buscar estímulos. Y cuando el cerebro no lo encuentra fuera... lo crea dentro.

Y así es como una caja de cartón se transforma en un autobús, una almohada en un barco pirata y el palo de una escoba en una espada legendaria.

El problema es que hoy los niños, en cuanto sienten la más mínima chispa de esa incomodidad, tienen al alcance de la mano un dispositivo que les ofrece un alivio inmediato y sin esfuerzo. Pero este bálsamo tiene un precio demasiado alto. Y es que no solo anestesia la creatividad, sino que les roba la oportunidad de entrenar otras habilidades fundamentales para la vida adulta: la paciencia y la tolerancia a la frustración.

Y es que, al fin y al cabo, aburrirse es aprender a transitar un momento incómodo sin una solución inmediata. Y la vida adulta está llena de momentos así: problemas que no desaparecen haciendo scroll y situaciones incómodas que, simplemente, hay que atravesar.

La red neuronal por defecto

Resulta contradictorio que, a pesar de lo crucial que es el aburrimiento para el desarrollo, el cerebro lo evite a la primera oportunidad. Pero tiene cierta lógica. Al fin y al cabo, el cerebro está constantemente buscando formas eficientes de resolver los problemas que tiene delante. Y, si una pantalla elimina ese malestar en apenas unos segundos, ¿para qué iba a esforzarse en buscar alternativas por su cuenta?

Sin embargo, la neurociencia ha hecho un descubrimiento sorprendente: cuando un niño parece estar mirando al techo sin hacer nada, su cerebro no está descansando; está trabajando. Y mucho.

Cuando la mente deja de enfocarse en los estímulos externos, se activa una especie de laboratorio cerebral conocido como la Red Neuronal por Defecto, donde los recuerdos, las experiencias y las ideas se combinan constantemente entre sí.

Y es precisamente de esas conexiones de donde pueden surgir nuevas ideas, juegos imaginarios, soluciones creativas o formas diferentes de entender lo que nos rodea.

Por eso a los adultos se nos ocurren las mejores ideas en la ducha, paseando o mirando por la ventana del tren. Porque lo que parece tiempo perdido es, en realidad, el cerebro cocinando la creatividad.d.

Cómprate un burro

Así que, la próxima vez que tu hijo se acerque y te diga: “Mamá, me aburro”, te animo a que le respondas: “Pues cómprate un burro”.

Y a que lo hagas con la tranquilidad de saber que no le estás privando de nada. Al contrario: le estás dando la oportunidad de aprender a ser paciente, a tolerar la frustración y, sobre todo, a pensar por sí mismo. Porque, a veces, lo mejor que podemos hacer por el futuro de nuestros hijos es, precisamente, no hacer nada.

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